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martes, 4 de febrero de 2014

TRANSFUSIONES DE COMUNISMO




Lenin y Bogdanov en Italia. Circa 1908. Sentados de izquierda a derecha: Vladímir Bazárov (Rudnev), Vladímir Lenin y Alexander Bogdanov. De pie: Maxim Gorki, el hijo de Gorki, Maxim Peshov y Natalia Korsak.

            La vida de Alexander Bogdánov (10 de agosto de 1873, en Goradnia (ahora Bielorrusia)  7 de abril de 1928, en Moscú) fue movidita. Político, gestor cultural, como lo llamaríamos ahora, economista, escritor, y un científico controvertido, con potencial creativo para imaginar avances tecnológicos al más puro estilo Julio Verne, participó con Vladímir Lenin en la creación del Partido Bolchevique, quien siempre lo vio como un rival fuerte, sobre todo porque su filosofía, el Empiriomonismo, (véase diccionario soviético de filosofía http://www.filosofia.org/enc/ros/empi2.htm), que el mismo Lenin rebatió pero que fue recibida con interés por parte de los intelectuales del partido.

            En 1909, Bogdánov creó en Capri, junto a Gorki y Lunacharski, el grupo Vpered (Adelante), cuyo propósito era la educación de los obreros —condición imprescindible para consolidar el socialismo en Rusia. En 1917 se organizó en Petrogrado el Proletkult (Organizaciones Culturales y Educativas del Proletariado), potenciando entidades ya existentes y promoviendo nuevos talleres, teatros y actividades culturales ligadas a las fábricas y clubes de trabajadores con el objetivo de generar una cultura proletaria, con independencia del Gobierno y del Narkomprós. Su principal teórico era Alexander  Bogdánov.  El Proletkult se extendería por todo el Estado y, con distintos niveles de soporte estatal, se mantuvo activo hasta 1925.

            Era un gran economista y estupendo escritor de novelas de ciencia ficción. En su novela más conocida, Estrella roja (1908),  editada en España por Nevsky Prospects, relata las peripecias de un ingeniero que viaja al planeta Marte donde existe por supuesto una sociedad socialista.  En esta novela predice la fusión atómica, la computación, el vídeo teléfono y el cine en 3D, ¡casi nada!. Además establece los principios de una avanzada teoría de sistemas y comunicaciones donde las fábricas están interconectadas e intercambias datos de producción. En Estrella roja se representa una organización racional y eficiente de la mano de obra y la industria y en la igualdad plena de todas las personas. A pesar de lo que se pueda pensar, en esta utopía marciana, Bogdánov defiende que el interés del colectivo no invalida la libertad individual.

            En 1921, Alexander Bogdánov abandonó la política y la gestión cultural, para centrarse en sus investigaciones científicas, pues era médico de profesión. Cuando murió Lenin, el 21 de enero de 1924, a los 53 años de edad, en un primer momento se pensó en encomendar su cuerpo a Bogdánov para que lo preservara y, en el mejor de los casos, resucitarlo cuando los avances científicos lo permitieran; aunque ese plan fue descartado finalmente.  El científico estaba convencido de que las transfusiones de sangre podían alargar la vida y rejuvenecer a las personas, además de insuflar savia nueva al "agotamiento soviético" que existía en la élite del país. Así, en 1924 comenzó sus experimentos de transfusión de sangre en busca de la eterna juventud, dando un paso más en la idea de una colectivización inmediata y radical al proponer el intercambio comunista de la sangre. En 1926 fundó el pionero Instituto de Transfusión de Sangre de Moscú.

            Entre sus pacientes ilustres se encontraba la mismísima hermana de Lenin, María Ulianova, quien al parecer con tanto cócteles de sangre experimentó una perceptible mejoría en su salud. No sólo se transfería sangre de personas más jóvenes y más sanas a otras enfermas y entradas en años, sino que también se suponía un beneficio recíproco en el intercambio de sangre. Por ejemplo, de acuerdo con sus ideas, la sangre joven era óptima para luchar contra el cáncer en cuerpos ancianos. Aquello fue toda una revolución hematológica.

El propio Alexander Bogdánov participó activamente en sus experimentos. Murió en abril de 1928 como consecuencia de una transfusión de sangre contaminada. ¡Qué mala sangre!

viernes, 17 de enero de 2014

TENER "CORAZÓN DE PERRO"





En tiempos de crisis, la literatura de este gran escritor ruso funciona como una buena terapia con la que combatir el pesimismo. Bulgákov nos descubrió los efectos beneficiosos de la ironía en Corazón de perro aunque su apuesta, por cierto, le saliera bastante cara.

Corazón de perro fue el principio de una larga y tortuosa relación de Mijaíl Bulgákov con el poder político. Eran malos tiempos para escribir con sentido del humor.
Cuando en 1921, el escritor se instaló en Moscú y cambió la medicina por el periodismo y la literatura, su pluma afilada comenzó a hacerse eco de las contradicciones del socialismo, el el problema de la vivienda, los dislates de la burocracia o el enfrentamiento entre los ciudadanos enriquecidos por la NEP (Nueva Política Económica proyectada por Bujarín) y los seguidores estrictos de la ortodoxia comunista. En definitiva, Bulgákov como un hombre de su tiempo habló de las preocupaciones que tenían los moscovitas y de las reglas que regían la vida en la ciudad.
Al año siguiente de su llegada a Moscú, la OGPU (la policía política) le abre expediente secreto al escritor. El motivo a primera vista es intrascendente: en una revista de Berlín, Bulgákov publica un artículo dando a conocer su intención de escribir un diccionario bibliográfico de autores rusos actuales sin establecer divisiones entre quienes vivían en la URSS y quienes se habían marchado al exilio. Tal noticia fue recibida con recelo por los vigilantes del Estado, ya que como es sabido, a los escritores que vivían en el extranjero se les consideraban enemigos del pueblo.

En el Informe secreto número. II0, el informador explica que Mijaíl Bulgákov ha leído su nueva novela en el círculo literario que frecuenta, se titula: Corazón de perro: "Toda la obra está escrita en tonos hostiles y respira un desprecio infinito hacia el orden soviético…", resume el autor del informe. Las sospechas sobre el escritor comienzan a tomar fuerza y la OGPU vigila todos sus movimientos. Es precisamente en esa época cuando Bulgákov empieza a cosechar cierto éxito gracias a la publicación de su primera novela: La guardia blanca; y Diavoliada, su colección de historias satíricas sobre la vida soviética.
El 7 de mayo de 1926 se efectúa un registro policial en su casa y se le confisca Corazón de perro y sus tres libretas de diarios. El 22 de septiembre le someten a un interrogatorio, donde explica:

"No puedo escribir sobre temas campesinos porque no me gusta el campo. (…) Me atrae más que nada la vida de la intelectualidad rusa, la quiero y la considero, a pesar de su debilidad, la mejor capa del país. Su destino me afecta y sus sufrimientos me llegan al corazón."

Bulgákov se muestra directo y transparente. Así defiende su manera de escribir:

"(…)Pero mi talante es satírico. Y de mi pluma salen cosas que, al parecer, son mal recibidas en los círculos comunistas. Siempre escribo con la conciencia limpia y tal como veo las cosas. Los aspectos negativos de la vida soviética atraen mi atención en mayor medida porque instintivamente observo en ellos un buen alimento para mis obras (soy un satírico)".

En Corazón de perro, tal y como ocurre en la más que recomendable, Huevos Fatales (1924), Bulgákov recurre a un médico de la época que seducido por el espíritu científico del momento y carente de principios éticos, realiza un transplante de ciertos órganos del cadáver de un delincuente común al cuerpo de Shárik, un perro callejero de Moscú. El doctor Filip Filipovich tiene la intención de estudiar la influencia de la hipófisis y los testículos en el rejuvenecimiento del cuerpo humano. Una trama que en aquel momento no debió considerarse tan descabellada como nos parece ahora, pues en la URSS a partir de la Revolución de Octubre se desató una actividad febril en todas las áreas del conocimiento, incluida la medicina. Bulgákov era médico (su experiencia como médico rural adicto a la morfina dio lugar a Diario de un joven médico) y probablemente, estaría al día de las investigaciones de sus colegas. Alexander Bodgánov, al contrario que Bulgákov, abandonó la política y la literatura por la bata de investigador en 1924. Bodgánov estaba convencido de que las transfusiones de sangre podían alargar la vida y rejuvenecer a las personas, además de insuflar savia nueva al "agotamiento soviético" que planeaba sobre la élite del país. Si Bodgánov quien por cierto murió por una transfusión de sangre contaminada propuso aquella "revolución hematológica en el socialismo", no era pues extraño que Bulgákov aprovechara aquella ola de "ingeniería social" al servicio de la sociedad perfecta, para poner en ridículo a sus pequeños dioses y sus aberraciones contra Natura en nombre de la ciencia.
En Corazón de perro, el experimento del profesor Filípovich desencadena un resultado inesperado. El chucho adopta la fisonomía y todas las características del hombre incluida su inteligencia. Cuando Shárik toma conciencia de su nueva identidad, se rebela contra su creador, critica su espíritu contrarrevolucionario y su manera de vivir burguesa. Cuando Sharikov (su nuevo nombre) se hace hombre, se vuelve un "camarada" repulsivo, maleducado y agresivo para todos, sobre todo con Filipovich. Su criatura se convierte en su peor enemigo; y sin embargo, Sharikov es el único personaje auténtico, el único que se mantiene fiel a sus convicciones.
               El escritor pone sobre la mesa la libertad individual del individuo frente a la masa. Critica además los movimientos forzados en una sociedad que se mueve al dictado de sus gobernantes, favoreciendo la discordia entre los ciudadanos y la aparición de individuos desnaturalizados. Su preocupación por el hombre, su libertad, su esencia, Bulgákov desarrollaría su concepción del mundo, del Bien y del Mal, en su obra maestra: El Maestro y Margarita. Para entonces, este maestro de la literatura rusa ha recorrido una estepa llena de tribulaciones. Sus novelas no serían publicadas, sus obras de teatro serían continuamente censuradas, su empeño por emigrar nunca fue seriamente considerado por Stalin. Bulgákov murió ignorado, apátrida en su tierra. Sin embargo, los buenos libros "arden mal" y el tiempo le le ha hecho justicia. Mijaíl Bulgákov está considerado uno de los bastiones de la literatura universal. Lectores de todo el mundo nos hemos rendido a su poder de seducción. Será porque hoy, como entonces, la ironía de Bulgákov puede salvarnos del pesimismo. Corazón de perro no fue publicada en la URSS hasta 1987.