viernes, 31 de enero de 2014

JEAN DE LA VILLE DE MIRMONT


En los últimos diez años han surgido en España un numeroso grupo de editoriales pequeñas que vienen apostando por escritores desconocidos en nuestro país y cuya literatura en castellano hasta este momento había sido inaccesible. A ellas les quiero enviar mi agradecimiento y desearles una vida fructífera.

Hoy quería descubrirles, a quienes aún no lo conozcan, a Jean de La Ville de Mirmont, un autor francés que Houellebecq menciona en la última entrevista concedida al diario El País, como uno de los grandes y desconocidos de la literatura francesa. Gracias a la publicación de Los domingos de Jean Dézert (Impedimenta, 2009), tenemos la oportunidad de conocer algo de su genio creativo.

Son escasos los datos biográficos de Jean de la Ville. Su madre, a quien Jean adoraba, publicó en 1935 una biografía sobre su hijo: Vie de Jean de la Ville de Mirmont (2 décembre 1886-28 novembre 1914) Ses vers inédits, ses lettres à ses parents, à se samis, ses lettres de guerre, cuya localización por mi parte no ha tenido éxito. La información que circula, la que consta en obras de referencia como el Diccionario de Autores Laffont-Bompiani (1956) apenas ocupa unas treinta líneas, que probablemente resumen la información que sobre Jean de la Ville se ha podido rescatar de los artículos escritos por François Mauriac, buen amigo de La Ville y Premio Nobel de Literatura. Me parece importante reseñar que en la edición de Impedimenta se incluye precisamente un prefacio de Mauriac en el que éste nos relata su sólida relación de amistad con De La Ville.

“Un solo encuentro con Jean de La Ville en la acerca del bulevard Saint-Michel bastó para revelarnos aquella amistad que se había gestado lentamente sin que nos diéramos cuenta”. (p.8)
Mauriac además nos acerca la obra y la personalidad de su compañero bordelés al que define como un joven que vivía con la obsesión de viajar y al que no le preocupaba ser un autor conocido; su desmesurada autoexigencia y su desbordante carácter romántico que tanto le hacía sufrir y amar.

“Yo creo que sufrió mucho. Aquel soñador no esquivaba la vida. Todo le suponía enriquecimiento. Sus primeros trabajos no le satisficieron mucho, y nunca quiso ser leído por muchos”.

Jean de la Ville nació en Burdeos el 2 de diciembre de 1886 en el seno de una familia burguesa y protestante. Su padre, Henri de La Ville, fue un latinista famoso, profesor en la Universidad de esa ciudad, y miembro del Consejo Municipal.
La muerte temprana de un hermano y una hermana cuando Jean apenas tenía 10 años, le creó una fuerte dependencia de su madre.
Estudió Literatura en la Universidad. A los 22 años Jean se trasladó a París donde primero trabajó como funcionario en la Prefectura del Sena, y más tarde, entre 1912 y 1914, ejerció como secretario de la Oficina de Asistencia Social. Una experiencia vital que le abrió los ojos a la miseria y enfermedad con la que convivían las personas de los suburbios, un mundo muy distinto a su cómoda vida burguesa.
En 1914, al estallar la I Guerra Mundial, de La Ville se alistó como voluntario. Así lo cuenta Mauriac: “Así que se declaró la guerra, arregló sus papeles, reunió los versos que le parecieron dignos y corrió a las oficinas de reclutamiento para entrar en el servicio de las armas (del que había sido considerado incapaz por su extrema miopía).” Jean de La Ville de Mirmont murió en el frente, en Verneuil el 28 de noviembre de 1914, a los 28 años.

Antes de partir al frente, escribiría este poema:

Le Grand Voyage

Cette fois, mon coeur, c’est le grand voyage,
Nous ne savons pas quand reviendrons.
Serons-nous plus fiers, plus fous ou plus sages?
Qu’importe mon coeur puisque nous partons!
Avant de partir, mets dans mon bagage
Les plus beaux désirs que nous offrirons.
Ne regretted rien, car d’autres visages
Et d’autres amours nous consoleront.
Cette fois, mon Coeur, c’est le grand voyage.

El gran Viaje./Esta vez corazón mío, emprendemos el gran viaje/ No sabemos cuándo vamos a regresar./ ¿volveremos más orgullosos, más locos o más cuerdos? / ¡Qué importa, corazón mío, puesto que nos vamos!/ Antes de partir, mete en tu equipaje/ Los más bellos deseos que vamos a ofrecer./ No eches nada de menos, pues otros rostros/ Y otros amores nos consolarán./ Esta vez corazón mío, emprendemos el gran viaje.
*La traducción es de Lluis Mª Todó, traductor de la novela, Les Dimanches de Jean Dézert, al español.



SU OBRA
Según John Taylor, Paths to Contemporary Franch Literature. Vol I, en la obra de De La Ville se pueden distinguir dos periodos muy diferentes.

Su producción literaria del primer periodo está marcada por la nostalgia, el ensueño, el anhelo del viaje. En los cuarenta y cinco poemas recogidos en L’Horizon Chimérique (1920) , y en otros tantos publicados en distintas revistas y diarios franceses, De La Ville frecuenta el mar, el viaje y los barcos en su poética. El músico Gabriel Fauré, poco antes de morir, deslumbrado por la poética del joven bordalés, puso música a este poemario. François Mauriac habla de la influencia que ejercieron Ronsard, Du Bellay, Laforgue, Baudelaire y Rimbaud sobre De La Ville en esta primera época.

En el segundo periodo, Jean dice adiós a su adolescencia creativa, abandona el simbolismo de su primera época para abrazar un tono más realista, en este momento cuando el escritor siente una gran curiosidad por el progreso tecnológico y la vida urbana que transcurre en París. Su escritura evidencia un claro cinismo ante la realidad, cinismo que encontramos en Los domingos de Jean Dézert (por cierto que la edición, con una tirada muy corta de ejemplares, fue sufragada por el propio escritor).
A esta época también pertenecen Lettres de guerre y los Contes (relatos), ambos publicados después de su muerte, en los que De La Ville acude constantemente a ciertas temáticas que marcaron su vida, como la muerte temprana o la fatalidad del fracaso. (He leído en alguna parte que él era muy consciente de su fragilidad de carácter a la hora de afrontar la adversidad y que inclusive intentó quitarse la vida bebiendo la tinta con la que escribía). Sería por ese carácter suyo que eligió vivir como un Robinson Crusoe en la Isla de St. Louis, un lugar que en aquel tiempo era la más tranquila y desierta de todas las islas. La soledad, el fracaso y el suicidio también están presentes en su novela.
¿Fue Jean de La Ville un desertor de su propia vida? Él mismo se empeñó en alistarse pese a que ya había sido excluido de la vida militar. Me temo que a esta cuestión nadie podrá contestarnos, cómo tampoco sabremos cuál hubiera sido su destino como literario. François Mauriac en 1967 publicó un artículo sobre su amigo en Le Figaro Littéraire y se hacía esta pregunta: Aurait-il eu un destin littéraire?

(Continuará)



BIBLIOGRAFÍA

1.- Jean de La Ville de Mirmont. Oeuvre complétes. Poémes- Récits-Correspondance. Introduction et presentation de Michel Suffran. Editions Champ Vallon, 1992.

2.- Paths to Contemporary French Literature. Vol 1. Men without Qualities (Jean de La Ville de Mirmont). (Págs. 33- 38) John Taylor. Transaction Publisher, 2005.

ENLACES

Cuentos cedidos por La Bibliothèque Électronique de Lisieux en la web de IntraText. http://www.intratext.com/IXT/FRA1090/

Cuentos: Conversación con el diablo y La muerte de Sancho.Traducción a cargo de la Prof. Titular de la Universidad de Córdoba, Esperanza Cobos Castro. http://www.relatosfranceses.com/




miércoles, 29 de enero de 2014

DESDE MI CASA

Desde mi casa escucho la sirena de los barcos. La isla anuncia viaje hacia algún lugar.



Faro de Punta Teno




martes, 28 de enero de 2014

BLUES DE TRAFALGAR


 



          Teresa, Julián, Fede y Andrés son amigos de la Universidad de Sevilla. En el verano, los cuatro disfrutan de las vacaciones en el pueblo gaditano de Zahara de los Atunes. Una noche de agosto de 1984, los jóvenes deciden subir a la sierra para disfrutar las Lágrimas de San Lorenzo. En el interior de una cueva encuentran por casualidad, un alijo de 400 Kilogramos de hachís. Sin pensarlo dos veces el grupo se apodera del botín. La mercancía supondrá un beneficio total de 80 millones de pesetas, 20 millones para cada uno. La desaparición del alijo desencadena el secuestro del chico encargado de custodiar la mercancía. Tarde o temprano, las consecuencias de aquella gamberrada serán dramáticas. Cada uno de los jóvenes que creían en sus ideales solidarios y confiaban en la lealtad inquebrantable de la amistad, comprobará la fragilidad de su esencia moral.

         
BLUES DE TRAFALGAR ES…

"Una historia de venganza que no se consuma, de justicia comprada por el dinero, de oportunidades que el mundo sólo ofrece si te desgarras el alma, de víctimas que no son buenas por ser víctimas, que cuenta una redención que no sirve para nada. (…)" (169)

Los protagonistas son cuatros jóvenes que pertenecen a la generación post franquista, llenos de ideales de solidaridad para con el género humano. Son niños de papá que se divierten con las drogas y la liberación sexual; seguidores de cualquier movimiento que signifique cambio y libertad. Sin embargo, cuando llega el momento de poner a prueba su integridad moral, apostarán por su provecho personal y sus ideales serán sustituidos por el cinismo y la hipocresía. Lo que impera es esa España del pelotazo es la ambición individual. Ser rico e influyente en un abrir y cerrar de ojos es el mensaje que impera en la sociedad (De aquellos lares estos lodos).

Sin embargo, André, el protagonista, no es como sus amigos. A partir de aquella experiencia con final dramático, hace que su vida esté marcada por el remordimiento. Desde entonces es un hombre extraviado que se traslada a vivir a Londres y renuncia a su carrera literaria, ya que la escritura que tanto reconocimiento le brindó durante una época, ha perdido su sentido.

          La novela transcurre en tres ciudades: Cádiz (Zahara de los Atunes y Zahora), Sevilla y Londres; y recorre tres épocas importantes: finales de los ochenta, Expo 92 en Sevilla y primera legislatura de Zapatero.

          Está narrada en primera persona desde el momento presente de Andrés, quien se encuentra recluido en Zahora, cerca del faro de Trafalgar, dispuesto a contar en una novela cómo sucedió todo.

"Oculto en mi refugio, en esta casa frente a la playa de la Aceitera, solo, aislado como el ermitaño de la baraja del tarot en su peña asediada por el mar y la noche, miro el destello del faro de Trafalgar, insomne y tembloroso en la turbulencia del viento. He vuelto a esta costa, después de tantos años, para saldar una vieja cuenta, para abrir una antigua herida que ha seguido sangrando en mi corazón. (…)" (12)

 

Blues de Trafalgar (Siruela, 2012), ¿es una  una novela psicológica?, ¿un thriller?, ¿una novela que plantea un dilema moral? Estamos ante las tres cosas. 

          José Luis Rodríguez del Corral redefine desde la contemporaneidad el sentimiento de culpa y la redención de Crimen y Castigo. El escritor sevillano nos plantea una vez más el dilema dostoievskiano de una manera sorprendente: ¿se puede vivir por encima del remordimiento y la culpa? Una cuestión amplificada según el viento que sopla en nuestra sociedad actual: ¿existen valores éticos individuales y colectivos en nuestro mundo? ¿Tienen estos ya algún valor?

          El autor habla en voz alta de una sensación compartida por muchos, en la que el hombre actual parece no sentirse responsable del perjuicio que su comportamiento pueda infligir en sus semejantes, si aquel le garantiza un beneficio personal.  Por tanto: ¿ha desaparecido la culpa interna? Sentir culpa, tener conciencia del daño provocado, ¿es un síntoma de hombres débiles?

          En la novela (inspirada en un suceso real), los jóvenes nunca tuvieron intención de provocar un daño, este se desencadena por azar. Es la justificación a la que se acogen para exonerar su culpa. Pero a partir de entonces, sus vidas estarán dirigidas a mantener el secreto a cualquier precio para preservar el éxito de sus ambiciones políticas y económicas.

          Pero Rodríguez del Corral se arriesga en su paisaje narrativo salpicado de grises que hacen más interesante aún el planteamiento. En la trama participa otro personaje que funciona como un revulsivo: una víctima, alguien a quién el grupo debiera pedir perdón y resarcir el daño que se le causó.

          Blues de Trafalgar, Premio de Novela del Café Gijón 2011, invita al lector a ser partícipe de esta interesante reflexión moral, se enfrentará cara a cara con su conciencia. No tendrá escapatoria.  

domingo, 26 de enero de 2014

"ESCRIBE QUE SOY ÁRABE"


Carnet de identidad


Escribe
que soy árabe mi número de carnet es el cincuenta mil
tengo ocho hijos
y el noveno llegará después del verano
¿Te enfandas por ello?
Foto: Yolanda Delgado
Escribe
que soy árabe
trabajo con mis compañeros de fatiga
en una cantera
y tengo ocho hijos
para los que arranco de las rocas
el mendrugo de pan
la ropa y los cuadernos.


( MAHMUD DARWISH. Del poemario titulado Hojas de olivo)

LA FELICIDAD CONYUGAL SEGÚN TÓLSTOI

Celebramos la cuarta edición de una de las obras maestras Lev Tolstói. Por primera vez en la obra de este escritor, una mujer narra su historia de amor.

Con Lev Tolstói no cabe decir aquello de: "cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia", porque el escritor hizo de su vida su materia narrativa, y su obra estuvo íntimamente ligada a su biografía.
Grandullón, robusto, introvertido, hipersensible, apasionado y con un físico poco agraciado según decía de sí mismo, su existencia estuvo marcada por una enfermedad que hoy los psiquiatras denominan trastorno bipolar. En su interior coexistían dos personalidades aparentemente antagónicas: el místico desencantado con la humanidad, que huía a la naturaleza, y el hombre que necesitaba el contacto con el pueblo llano, al que se dedicó en cuerpo y alma durante muchos años. Una u otra pulsión se dominaban de manera intermitente durante 82 años.
Retrato realizado por Prokudin Gorski en 1908

El conde León Tolstói, nació el 28 del 8 de 1828. Apenas conoció a sus padres. Su madre falleció cuando él tenía tres años y de ella no guardaba ningún recuerdo. Fue siempre una figura ausente. "Pero fu probablemente de ella de quien heredó su perfecta sinceridad, su indiferencia por la opinión de los demás y su maravilloso don para contar historias que inventaba", según cuenta Romain Rolland en Vida de Tolstói (Acantilado). Sin embargo, no sucedió lo mismo con la figura paterna. "Era un hombre amable burlón, de ojos tristes, que llevaba en sus tierras una existencia independiente y desprovista de ambición." Su desaparición cuando Lev tenía nueve años, le dejó una profunda "amarga verdad y llenó su alma de desesperanza", según cuenta el propio escritor en Infancia. Él y sus tres hermanos quedaron al cuidado de dos tías muy queridas por los niños, la tía Tatiana y la tía Alexandra, trasuntos del personaje de Katia en La felicidad conyugal, y que al igual que pasara con Tolstói y sus hermanos, esta mujer se hace cargo de la adolescente Máshenka y su hermana Sonia.
La felicidad conyugal (Acantilado) la escribió en 1859. Tolstói había regresado del Caúcaso. Allí junto a su hermano Nicolái había combatido en la guerra de Crimea. Él mismo había pedido ingresar a filas. Durante su destino como suboficial en Sebastopol escribió Infancia y Adolescencia; y los relatos de Sebastopol.A su regreso de aquel infierno, en 1855, en el que durante un año conoció el rostro del dolor se reencontró en San Petersburgo con su grupo de amigos escritores rodeados de un áurea artística. Entre ellos se encontraba Turguéniev, a quien Tolstói admiraba y a quien le había dedicado La tala del bosque escrita también en Sebastopol. “Me había convencido de que casi todos ellos (…) eran seres inferiores y en su mayoría malas personas, sin carácter–infinitamente inferiores aquellas personas que yo había conocido en mi vida licenciosa y militar-, pero estaban tan seguras y satisfechas de sí mismas, como lo pueden estar las personas santas (…) Me resultaban repugnantes.", narra el escritor en Confesión.
Es en Sebastopol cuando Tolstói se desprende en su estilo de todo sentimentalismo y su carácter crítico no acepta a los "burgueses de salón" que lo adulan. Después de un breve periodo de tiempo en San Petersburgo, vuelve a la casa familiar Yásvania Poliana, (que significa: “claro en el bosque”) al suroeste de la ciudad de Tula, a 165 Kilómetros al sur de Moscú. Más tarde viajará por Francia, Suiza y Alemania. Durante su viaje se interesa por algunos métodos pedagógicos que trata de poner en práctica a su regreso. Abre una escuela pero no sabe muy bien qué debe enseñar al campesinado.
El fallecimiento de su querido hermano Nikolái (el 20 de septiembre de 1860), lo sumió en la tristeza. Al año siguiente se estableció definitivamente en Yásnaya Poliana. Se casó con Sofia Bers, hija de un médico moscovita, con quien compartió toda su vida con la que tuvo sus trece hijos. La abnegación de Sofia y su sentido práctico fueron de gran ayuda para un hombre encerrado en sus propias fantasías. En la tranquilidad de la vida rural, Tolstói tuvo tiempo e inspiración para escribir.

Hay varios aspectos interesantes en La felicidad conyugal (cuya gran traductora, por cierto, Selma Ancira, recibió el Premio Nacional de Traducción 2011) que merecen la atención del lector. Una de ellas es que la novela fue escrita tres años antes de su boda con Sofia Andréyevna Bers, y al igual que ocurriera en la vida real del escritor, la pareja protagonista de la novela la forma un hombre maduro y una mujer casi niña que aún no se ha desprendido de la adolescencia. Como he dicho Tolstói conoce a la que sería la condesa Tolstaia, tres años antes. Frecuentaba con naturalidad la casa de la señora Bers. Primero se enamoró de la madre, luego de la primogénita y más tarde de la mujer que convertiría en esposa. Durante los tres años que dura la relación de noviazgo, Tolstói escribe, anticipa en su imaginación cómo transcurrirá el enamoramiento, la primavera-verano de ese amor, y las posteriores dificultades que el matrimonio atravesaría también en la vida real. La historia de amor entre Serguéi Mijáilich y Máshenka es el texto donde la poderosa imaginación de Tolstói recrea su futura historia junto a Sofia. Este interesantísimo apunte que comenta Romain Rolland, pone de manifiesto la enfermiza obsesión del escritor por diseccionar la psicología humana y relatarla con un realismo implacable. Tolstói era una máquina de razonar, capaz de imaginar cada secuencia de su vida futura, llevarla a la ficción y convertirla después en realidad.
Es la primera vez que una mujer protagoniza una obra del maestro, y no sólo eso, sino que esta mujer casi niña es la narradora absoluta de los sentimientos que la embargan a medida que pasan los años. El sol radiante de los primeros instantes y el largo invierno en una relación donde se enfrentan dos caracteres y dos circunstancias vitales muy diferentes: la de un hombre mayor que viene regresando de los paisajes humanos que su joven esposa empieza a descubrir y anhelar la vida mundana, la de los salones afrancesados de San Petersburgo, que tanto detestaba el escritor. El castillo de cristal comienza a resquebrajarse. Su marido es su guardián, un impedimento en su crecimiento:
" ̶ ¡Vaya, vaya! Tú sacrificas ̶ puso un acento especial en esa palabra ̶ y yo sacrifico. ¿Acaso puede haber algo mejor? Una lucha de generosidades. ¿No es eso la felicidad conyugal?"


De sentirse amada, pasa a sentirse enemiga, hasta que los años la dejan vencida. Entonces, la reconciliación llega gracias a los hijos. "¡Sí, mujeres-madres, en vuestras manos está la salvación del mundo!". Moralinas desfasadas aparte, lo verdaderamente interesante es que por primera vez en la obra del autor, el amor irrumpe en el corazón de una mujer y es ella quien se encarga de contarlo en primera persona, unos sentimientos que hoy están igual de vivos que entonces:

"Lo peor para mí era que sentía cómo día tras día la rutina aherrojaba nuestra vida y le daba una forma determinada, cómo nuestro sentimiento perdía libertad al someterse al acompasado e impasible fluir del tiempo"

Tolstói expone el clima, no desvela la realidad, deja que el lector adivine el secreto que la protagonista femenina guarda en su corazón. El personaje de la mujer evoluciona. Y a partir de este momento, los personajes femeninos adquieren relevancia en la obra de Tolstói, teniendo incluso una vida más intensa que los personajes masculinos. Parece ser que en esto tuvo mucho que ver la influencia de la condesa Tolstaia, que fue su modelo para Natasha en Esto lo constatamos en Guerra y Paz y para Kitty, en Anna Karenina.

Otro aspecto interesante de esta obra, lo resume Nabokov en su Curso de literatura rusa:

“Lo que de verdad seduce al lector medio es ese don que tenía Tolstói para proveer a su ficción de unos valores temporales que coinciden exactamente con nuestro sentimiento del tiempo.” No es por tanto su pericia para representar la vida con realismo, sino que el tempo de la ficción coincide con el reloj interno del espectador.“La prosa de Tolstói lleva el compás de nuestro pulso, los personajes parecen moverse con el mismo andar de la gente que pasa bajo nuestra ventana mientras estamos leyendo el libro.”

Conocer el pulso de nuestra historia de amor a través de los ojos de Tolstói, hace más que recomendable un viaje hacia La felicidad conyugal.

sábado, 25 de enero de 2014

POSSIBLE ACTIVITIES/ ACTIVIDADES POSIBLES



You could sit on your chair and pick over the language
as is it were a bowl of peas.
A lot of people do that.
It might be instructive.
You don't even need the chair,
you could juggle plates of air.

You could poke sitcks through the chain-link fence
at your brain, which you keep locked up in there,
which crouches and sulks like and old tortoise,
and glares out at you, sluggish and eyeless.
You could tease it that away,
make it blunder and think,
an emit a croaking sound
you could call truth.
A harmless activity,
sort of like knitting,
until you go too far with it
ant they out the nooses and matches.
--------------------------------------------

Podrías sentarte en tu silla y rebuscar en el lenguaje
como si fuera un bol de guisantes.
Mucha gente lo hace.
Podría ser instructivo.
No necesitas ni siquiera silla,
con el aire harías juegos malabares.

Podrías hurgar con un palo en la alambrada
de tu cerebro, ese que guardas encerrado arriba,
que se agazapa malhumorado como una vieja tortuga
y te observa, aletargado y ciego.
Podrías provocarlo de esta forma,
hacer que se equivoque y piense,
y que emita un graznido
que llamarías verdad.
Una actividad inofensiva,
como hacer punto,
hasta que llegas demasiado lejos
y otros sacan sogas y cerillas.


Margaret Atwood. La puerta. Bruguera, 2009.
Traducción de María Pilar Somacarrera Íñigo

viernes, 24 de enero de 2014

DICCIONARIO PERSONAL




Escanografía: Yolanda Delgado


DESTINO: recorrer la vida para alcanzar la muerte.
ENTREDICHO: lo importante lo dijiste entre líneas.
NOCHE: cuando los sueños estallan en la cara.
MAYO: el mes más triste de la primavera.

 

"Sueño". Escanografía: Yolanda Delgado

 
MIEDO: un niño que imagina monstruos.
PERDER: un aprendizaje acelerado.
RESPIRAR: tomar prestado el aire.