viernes, 28 de octubre de 2016

NOVIEMBRE ES "PURO CUENTO"



Cubierta. Ed. Baile del Sol, 2016


"En general, todos se alternan y se suceden con armonía contradiciéndose o completándose, agitándose o confrontándose sutilmente en orden a conseguir una atmósfera común que transporta al lector poco a poco a otra realidad que nada tiene que ver con las de los cuentos por más que crea que sigue prendido de ellas."
(Julio Llamazares en el prólogo de "Puro Cuento")

domingo, 9 de octubre de 2016

LOS "BOOMERS"






Pertenezco a la generación de los boomers. En la década de los sesenta y setenta, procrear fue un puro frenesí como el Cha cha chá. 
La gente tenía facilidades; hasta el alma se podía pagar a plazos.
Bautizaron aquel fenómeno con un nombre explosivo: Baby Boom. La pólvora que se las prometía estallar en fuegos multicolores, acabó en un petardeo mediocre.
        Los boomers debajo del brazo trajimos problemas. ¿Nacimos en mal momento o es que el tiempo venía con tara? Colapsamos los colegios y las monjas nos llevaron a la capilla a rezar por la salud del dictador. Después de un par de rosarios, Francisco estiró la pata. 
       Por edad, todavía no llegamos a disfrutar del todo la alegría generalizada. Escuchábamos canciones y frases que hablaban de libertad, sin duda. Como las matronas, aquellos eslóganes asistieron el parto de la Democracia.
        Poco a poco, a los boomers nos empezó a crecer el vello y los pechos.
        Una tarde, un mostachudo con pistola se coló por la televisión de nuestras casas. Había entrado en el Congreso disparando al cielo. 
        «¿Es grave?» Mis padres salieron a la carrera al supermercado y regresaron con latas de leche condensada, legumbres, aceite y rollos de papel higiénico para varios años. No tuve necesidad de preguntar dos veces. Fue la primera vez que en mi casa entró una pata de jamón. 
        El cielo no se derrumbó. El terror huyó saltando por la ventana. Poco después, "Puedo prometer y prometo" le dijo a los españoles que tiraba la toalla. Aunque ahora son pocos los que parecen acordarse, en aquel momento al Presidente le pusieron a caldo. En su lugar, entró otro con cabeza de huevo y gafas de pasta gorda. Sobre este si es verdad que cayó el olvido.



        Para cuando los socialistas llegaron al poder, los boomers ya estábamos en la universidad. No había becas para todos. Allí conocimos los números clausus y la decepción. Nos vimos obligados a escuchar las clases sentados en el suelo del aula y de los pasillos. El primer año fue una pérdida de tiempo. Durante seis meses protestamos a favor de las reivindicaciones de los profesores no numerarios (PNN). En aquella ocasión, la sentada en el suelo fue porque quisimos. La performance sirvió para dejarnos el culo frío. Algo parecido había ocurrido ya. La mayoría votó no a la OTAN y aconteció lo contrario de lo expresado. En esto, en lo de protestar y conseguir cambios, los franceses y los británicos continúan llevándonos mucha ventaja.
       
        En la biblioteca leí Rayuela, Cien años de Soledad y Pedro Páramo. Los profesores parloteaban de MacLuhan, de Vladímir Propp y de la Gestalt como si nos descubriesen un continente nuevo. Íbamos a convertirnos en pioneros de la comunicación y la mayoría acabamos hechos unos piononos. El viento fue borrando la ingenuidad de cada una de nuestras facciones.
        A pesar de todo, creí que Monseñor Cardenal pondría en su sitio a la curia romana. Lo mataron antes.
       
       Llegamos demasiado pronto o demasiado tarde a casi todas las ayudas, pero aprendimos a aceptarnos con nuestras idas y venidas. Quisimos cambiar el mundo y el mundo pasó de largo. En muchos sentidos somos otra generación perdida. Creo que el término "invisible" nos define mejor. 
        Ahora, cuando ya tenemos una edad en la que hacemos nuestras apuestas con el tiempo, cuando empezamos a decir adiós a nuestros padres, cuando nuestro rostro, poco a poco nuestros labios se van desdibujando hacia abajo, los economistas amenazan con que nos jubilaremos sin un chavo. Queda comprobado que las cuentas no salen con los boomers. Por alguna razón inexplicable, los números nos guardan rencor.

viernes, 26 de agosto de 2016

EL MENSAJE DE BERTRAND RUSSELL (1959)



"RECUERDEN SU HUMANIDAD Y OLVIDEN EL RESTO. ¿CUÁL ES EL OBJETO DE PELEAR POR CREDOS Y RAZAS SI A FIN DE CUENTAS LO QUE ESTÁ EN JUEGO ES LAS SUPERVIVENCIA DEL HOMBRE?
SI HAY UNA TERCERA GUERRA MUNDIAL, NO HABRÁ VENCEDORES NI VENCIDOS, Y LA CUARTA, VOLVERÁ A SER DE ARCO Y FLECHA." 

domingo, 24 de julio de 2016

DIME QUE ESTOY EQUIVOCADA, POR FAVOR







Millones de soldados andan por las calles del mundo cazando  monigotes animados. 
Cuando el juego se vuelva aburrido, ¿quiénes serán sus próximas víctimas? 
Dime que estoy equivocada.





Esta imagen es un ejemplo de la preocupante frivolidad que padece una parte del mundo.

Por favor, dime que estoy equivocada.


sábado, 18 de junio de 2016

EL LORO DIÓGENES DICE...



El loro Diógenes dice: 



  • Es cierto: en la televisión se ha perdido el sentido del humor, y sin embargo, se ha desarrollado un magnífico sentido del impudor. 


  • Los chavales, mujeres y hombres del mañana, ya no tendrán que estudiar ni Filosofía, ni Literatura, ni cualquier otra asignatura de Humanidades. Nos basta con que aprendan a votar correctamente cada cuatro años. 

    •  Ni izquierda, derecha, ni centro. España es como Rebelión en la granja. Gane quien gane, los cerdos detentarán el poder. 

    • Hemos vuelto a la Edad Media. Los ciudadanos inferiores no tienen dinero para comprar bienes. Los grandes señores siguen amasando fortunas y heredando los puestos de responsabilidad, mientras la Iglesia continúa en su papel de apuntador de teatro.  

    • Los genocidas nazis si no han muerto y llegan a ser juzgados, cumplen penas de trámite.  

    • Trump es una trampa muy convincente. 

    •  El brillante Nicolas Sarkozy ha tenido palabras de liberté, egalité et fraternité: Europa debe financiar campos de "concentración" en el Norte de África. 

    • Unos padres abandonan a un niño en un bosque para que aprenda a ser bueno. ¡Qué bondad hay en esos padres...! 

    • El mundial de fútbol se está jugando en las calles convertidas en campos de odio.

    • ¿Quién dijo que la novela había muerto? Los que han muerto son los novelistas. 

    • Se buscan astronautas para ir a Marte. El ambiente en la Tierra es irrespirable. 


      

    miércoles, 15 de junio de 2016

    RICHARD FORD. PRINCESA DE ASTURIAS DE LAS LETRAS 2016





    Richard Ford, Premio Princesa de Asturias de Las Letras 2016, está considerado por la crítica internacional como uno de los mejores y más representativos escritores vivos de Estados Unidos. El mejor escritor en activo en este país, lo definió en una ocasión su mejor amigo, el malogrado escritor, Raymond Carver. Desde su primera novela, Un trozo de mi corazón (Anagrama, 1992), el estilo de este escritor se ha inscrito dentro de una de las corrientes narrativas tradicionalmente americanas, la misma que siguieron Mark Twain, Fitzgerald o Hemingway.

    Ford (Jackson, 1944) que como el creador de Huckleberry, nació y creció bajo la mirada sureña del Mississipi, siente al igual que aquel, cierta afinidad y comprensión hacia los hombres y mujeres invisibles que escriben la historia de América. La obra de Ford carece de la ironía de Twain pero comparte el mismo escepticismo con el que se juzga los convencionalismos que van en contra de la libertad individual. La idea de pertenencia a cualquiera de los grupos socialmente definidos por las relaciones familiares, la raza, la religión, la profesión, las aficiones deportivas o el color de las ideas políticas será positiva en la medida que nos crean la ilusión de ser queridos y valorados por el resto de la comunidad. Al mismo tiempo sucede que sus miembros esperan del individuo respuestas “grupalmente” aceptadas pero en algunas ocasiones, y por muy diversos motivos, los individuos no estamos dispuestos a dar. Esta autoafirmación de la identidad individual por encima de todo produce un profundo desasosiego, un estado de incertidumbre y desamparo, del que solo podrá salvarnos un relativo escepticismo.

    Ya no tengo muchas cosas en común con ellos, y tanto ellos como los demás me invitan a muy pocas fiestas. En la ciudad, la gente sigue siendo simpática pero distante, y yo les considero buena gente, conservadores y honrados.
    He comprendido que no es fácil tener a un divorciado por vecino. En él anida el caos... la naturaleza oscura del sexo que cuestiona el contrato matrimonial. La mayoría de la gente cree que tiene que tomar partido, y siempre es más fácil elegir a la mujer.” (El periodista deportivo)


    Este estado de ánimo que se desprende de la literatura Ford la encontramos en escritores europeos como Chéjov o Camus, con los que el autor comparte ese amor a la libertad individual, cargada de contradicciones. Sus personajes soportan una gruesa columna de melancolía cuando sacan cuentas de la vida que cada uno de ellos proyectó en un momento determinado, y la que realidad en la que se encuentran inmersos. Es lo que Camus afirma por boca de Jacques Cormery, en su novela póstuma El último hombre: - Yo la he amado (la vida), la amo con avidez. Y al mismo tiempo me parece horrible, y también inaccesible. Por eso creo, por escepticismo. Sí, quiero creer, quiero vivir, siempre.

    Este mismo sentimiento se desprende de la literatura de Ford cómplice de personajes fracasados que se desenvuelven como pueden en una América anónima y anodina, convencidos de que aunque la vida entera es incertidumbre y azar, el viaje merece la pena continuarlo hasta el final, quizás se presente una oportunidad de cambio.

    Bascombe, el protagonista de El periodista deportivo, se sincera consigo mismo en un momento en el que quiere iniciar una conversación seria con su hijo:


    Aunque en lo que se refiere específicamente a él, deseo de todo corazón poder hablarle desde un lugar más establecido - del modo en que le hablaría Charley si fuera su padre de verdad-, en lugar de hacerlo desde esta constelación de estrellas entre las que orbito y me deslizo con suavidad. De hecho, si pudiera verme ocupar un punto fijo en lugar de estar en un proceso (la esencia del Periodo de Existencia), las cosas podrían ir mejor para nosotros dos; yo y mi hijo el ladrador.


    Ford prefiere el universo masculino. Como Hemingway, los hombres, viriles y desarraigados, evalúan constantemente la cantidad de energía invertida en sus diferentes actividades y los resultados obtenidos tanto en sus parcelas profesionales como en sus decisiones relacionadas con el amor. Con frecuencia se encuentran en el dilema de tropezar con una mujer más atractiva que con la que comparten sus vidas. La seducción se les antoja entonces como una tentación irresistible y sólo cuando consiguen el trofeo tan deseado, optan por ser muy resbaladizos si tienen que comprometerse porque su experiencia pasada ya les resultó demasiado amarga. Esto le sucede a Frank Bascombe en El periodista deportivo (Círculo de Lectores, 1992), y cinco años más tarde en El día de la Independencia (1997). El escritor repite este dilema en algunos relatos incluidos en De mujeres con hombres (Anagrama, 1999). 


    El héroe de El periodista deportivo anhela construir una vida mejor y para ello rompe radicalmente con el pasado. En El día de la independencia, Bascombe convertido ahora en un ex-escritor, un ex-periodista, un ex-marido, y en un ex-amante, asume de forma voluntaria la soledad, premisa indiscutible para lograr la verdadera independencia. Busca la redención en una nueva profesión, mientras se esfuerza por recuperar el amor del único hijo que le queda antes de que sea demasiado tarde. Se vislumbra por tanto la capacidad del hombre por acercarse a una felicidad que a veces depende de uno mismo.



    La elección de la primera persona es la voz más frecuente en Ford. Amigo del tono brusco, el lenguaje rápido y descriptivo, consigue dar una naturalidad espontanea a las situaciones que narra; recursos que también frecuentaba su amigo Raymond Carver. Para ambos escritores la realidad no se pinta ni más dulce ni más cruda. El valor de su estilo es que hacen que la realidad misma fluya, se pone en evidencia de la mano de unos personajes invisibles que se enfrentan a problemas corrientes. La atmósfera del desencanto cae por su propio peso. Llamémosle entonces “literatura de lo cotidiano” y abandonemos para siempre la calificación de “realismo sucio”, ya que no hay de obsceno en mostrar una realidad que pertenece a millones de personas.