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lunes, 7 de marzo de 2016

EL ARTE DE PERDER

            
F. Scott Fiztzgerald y su esposa Zelda Sayre




         El arte de perder se domina fácilmente/tantas cosas parecen decididas a extraviarse/que su pérdida no es ningún desastre. Así hablaba de la derrota personal la estadounidense Elizabeth Bishop en uno de sus desgarradores poemas. Perder es un arte y Scott Fitzgerald (1896, St. Paul, Minnesota)  aprendió a extraviarse hasta el final de sus días.  
                  A sus veinticuatro años, su primera novela: A este lado del paraíso, le convirtió de la noche a la mañana en un escritor rico y famoso. Nueva York, París, Roma eran una fiesta continuada para él y su esposa Zelda. Vivieron demasiado aprisa, consumieron rápido las ilusiones. Y aunque en su literatura flotaba la risa de una juventud segura de sí misma, el paraíso para el escritor fue un espejismo pasajero. Tal y como le sucediera a Gatsby, la felicidad se rompió añicos. …Porque he hablado demasiado sin vivir lo bastante por dentro como para desarrollar la necesaria confianza en mí mismo, escribió a Maxwell Perkins, su editor y amigo incondicional.
            Fitzgerald perdería el amor de su esposa, internada una y otra vez en clínicas de reposo. Solo te pido lo siguiente: déjame que me las arregle con mis hemorragias y mis esperanzas…;  perdió la confianza de su representante, pues aunque el escritor se resistía a aceptarlo, su alcoholismo le pasó factura en su profesión y algunos de sus amigos más queridos no supieron o no quisieron ayudarle, muchos simplemente le ningunearon. Fue el caso de Hemingway, a quien conoció en París, que después de que éste consiguiera gracias a la mediación de Scott (siempre muy generoso con aquellos escritores que consideraba valiosos) ser publicado y reconocido en el mundo literario estadounidense, en cuanto tuvo ocasión despreció a su amigo de correrías etílicas. Te ruego que no te metas conmigo en letra de molde. Aunque a veces elijo escribir de profundis, eso no significa que quiera que mis amigos recen en voz alta inclinados sobre mi cadáver.
            Scott Fitzgerald asfixiado por las facturas, con una esposa enferma, y una hija a la que adoraba y tenía que sacar adelante, sobrevivía de los cuentos que publicaba (pese a que nunca los consideró literatura seria). En 1937 firma un contrato de seis meses como guionista de Hollywood donde no le fue demasiado bien.
           
F. Scott Fitzgerald, 1921.
       El alcoholismo y su difícil situación económica contribuyeron, como digo, a su caída libre, tal y como leemos en estas cartas (algunas de ellas estaban aún inéditas en castellano) y que publica la editorial Círculo de Tiza, se leen como un espejo de lo que le tocó vivir. Al principio el horizonte se vislumbraba brillante, ambicioso y prometedor, pero a medida que la vida comienza a ser en serio, las sombras se vuelven llamadas de auxilio. 

         Leer la correspondencia de alguien es como sostener el corazón del que escribe entre las manos. Son líneas de verdad, confesiones como puñetazos al alma. En El arte de perder nos sentimos cómplices de la dureza de una vida a la que Fitzgerald intentó hacer frente sin desfallecer, buscando asideros y soluciones. Francis Scott Fitzgerald escribió a pesar de todo, luchó en todo momento, y amó hasta que su corazón no pudo más, un 21 de diciembre de 1940, a la edad de 44 años.
        En su lápida hay grabada una frase de su mejor novela: “Y así seguimos empujando, botes que reman contra la corriente, atraídos incesantemente hacia el pasado”.







EL ARTE DE PERDER. Una vida en cartas.
F. Scott Fitzgerald
Ed.: Círculo de Tiza, 2016
Coordinación y cuidado de la edición: Giselle Etcheverry
Selección de cartas : Yolanda Delgado
Traducción  e Introducción: Martín Schifino
Epílogo: Alejandro Gándara.


domingo, 5 de octubre de 2014

EL HEREJE ZAMIATIN Y SUS GAFAS DE RAYOS X



Eugeny Ivanovich Zamiatin fue una de las máximas figuras de la literatura rusa post-revolucionaria. Su temperamento independiente y su afinado análisis  de la realidad soviética, provocaron el recelo de Lenin. De ser uno de los escritores más influyentes de su tiempo, terminó relegado al ostracismo del silencio y considerado persona non grata en su país. Su novela "Nosotros", obra esencial de la literatura universal del s. XX, inauguró el subgénero distópico. Mucho antes que Huxley y Orwell, el escritor ruso vaticinó los peligros de los totalitarismos y la deshumanización del trabajo.

En Febrero de 1917, Eugeny Zamiatin se hallaba en Inglaterra supervisando la construcción de buques rompehielos para el gobierno zarista en los astilleros de Newcastle, cuando leyó en el periódico que en Rusia había estallado una revolución.
Inglaterra era uno de los países más industrializados del mundo y un aliado de Francia y Rusia en la I Guerra Mundial que en ese momento azotaba a Europa. Para hacer frente a la demanda de armas, Inglaterra abrazó el taylorismo. Zamiatin lo consideró un sistema deshumanizante. Tuvo oportunidad de conocerlo sobre el terreno, en los astilleros donde supervisaba la fabricación de buques rompehielos como el Aleksander Nevsky (rebautizado Lenin), del que el ingeniero siempre habló con orgullo. 
Su periodo inglés fue un tiempo de melancolía, pero decisivo en su trayectoria literaria. Durante 18 meses, entre 1916 y 1917, vivió entregado a su trabajo, aprendió a conducir, visitó castillos en ruinas y vivió el bombardeo alemán sobre Inglaterra. En las cartas que escribió a Liudmila Usova, el escritor se quejaba a su esposa, entre otras cosas, de que apenas podía comunicarse con la gente por su desconocimiento de la lengua, las comidas le sentaban mal, y que padecía muchos dolores de cabeza.
Al principio, alquiló un cuarto en una casa particular pero, después del escándalo que montó, tras pasar la noche bebiendo con el cónsul ruso, optó por alquilar una casa en el barrio de Jesmond. Allí encontró la tranquilidad necesaria para leer a H.G. Wells, BertrandShaw, tocar el piano y continuar con su producción literaria.  En esta época escribió:  "Los isleños" y "El pescador de hombres". Dos libros de cuentos, que publicarían en Rusia, y en los que Zamiatin hace una crítica mordaz sobre el carácter y las costumbres de los ingleses de clase media-alta inglesa,  a quienes retrata como estrambóticos, caprichosos, tercos, hipócritas y otra serie de adjetivos igual de agradables. Al igual que su maestro Gógol y su coetáneo, Bulgákov, el humor catártico y saludable fue una característica de su estilo. En estos cuentos experimenta además con el estilo cubista para describir a los personajes con figuras geométricas, un recurso que volvería a utilizar en "Nosotros", su novela cumbre. Como afirma Martin Amis: "Los Isleños" precede en tres años a "Nosotros" pero la anticipa en todo detalle, pese al cambio radical de tiempo y espacio."
 

 

Las gafas de rayos X

La Revolución precipita el regreso en septiembre de Zamiatin  a S. Petersburgo. Durante los primeros años, confió en que por fin en Rusia nacería un nuevo orden social. Con 33 años, el ingeniero-escritor apoya a Gorki en sus proyectos culturales, trabaja en varias editoriales como editor y traductor de autores extranjeros como Nosotroslls, Jack London, Bacon y Sheridan. Razón por la que el poeta Blok, lo bautizó como "El inglés".
Junto a otros artistas y escritores lleva la cultura socialista a las fábricas y a las centros de formación, mientras continua con sus clases en la Universidad Politécnica de San Petersburgo en la que se había graduado.
Junto con el escritor Viktor Shlovski, lidera el movimiento literario "Los hermanos Serapión" que defendía, no sin ingenuidad, la independencia del arte frente a los intereses políticos.
Entre 1917 y 1924, escribe muchos cuentos cortos, obras de teatro y numerosos ensayos sobre la función del escritor y la búsqueda de nuevos lenguajes, como el Neorrealismo.  En su ensayo: "Sobre literatura rusa contemporánea" explica su estilo: "Durante las primeras décadas del siglo la vida se ha vuelto más compleja, más rápida y febril… En respuesta a esta nueva forma de vivir, los Neorrealistas hemos aprendido a escribir de manera más concisa, concentrada, breve que los Realistas."
Zamiatin no tardó mucho tiempo en convencerse de que Lenin se había traicionado a sí mismo y había traicionado los principios de la revolución. Había  encarnado en su figura el poder absoluto, y apostaba ahora por el taylorismo para aumentar la productividad que el socialismo necesitaba. El poeta Alekséi Gástev fue el encargado de transformar al camarada socialista en un máquina viva, por expreso deseo del líder. Bajo su dirección, El Instituto Central del trabajo, investigaba cosas tan extravagantes como los movimientos mínimos necesarios para fijar un clavo.
Como reacción a la esquizofrenia colectiva del momento, Zamiatin escribe obras satíricas ridiculizando la burocracia bolchevique y sus decretos absurdos, y tampoco Lenin sale bien parado. La osadía del escritor va más lejos en los artículos donde denuncia abiertamente las masacres de los trabajadores opositores y las constantes represiones sufridas por los campesinos a manos de la Cheka.
Esto situación motiva su ingreso en la fila de los "Escitas", un grupo cultural de extrema izquierda con raíces populistas al que también pertenecían Blok, Bely y Esenin. Su compromiso con la realidad de su tiempo, contrasta con el carácter reservado que le acompañó desde su infancia. 
Hijo de un sacerdote ortodoxo y una madre pianista, Eugeni nació el 1 de febrero de 1884 en la ciudad de Lebedián (Provincia de Tambov). "Veréis a un niño muy solitario, sin compañeros de su misma edad, boca abajo, sobre un libro, o bajo el piano, en el que su madre está tocando a Chopin". 
Era brillante en redacción pero, paradójicamente las matemáticas no eran su fuerte: "Quizás por eso y por cabezonería elegí las más matemáticas de todas las carreras".
En su etapa universitaria, entre 1905-1906, fue arrestado por luchar contra los Kadets y pasó unos meses en la cárcel. "Si tengo alguna importancia en la literatura rusa, se la debo a la policía secreta de San Petersburgo". En 1911,  sufrió unos meses de destierro en Lakhta, a las afueras de San Petersburgo. "Allí en el blanco silencio del invierno y el verde silencio del verano escribí "Historias de la vida provinciana".
 
George Orwell
El camarada herético 
  En 1920 comienza a escribir "Nosotros", la novela distópica o anti-utópica, una referencia esencial para Aldous Huxley en "Un mundo feliz" y desde luego, para George Orwell y su "1984". En "Nosotros" el escritor ruso recrea un mundo aparentemente ideal, donde el "Estado Único" ha suprimido la libertad individual en nombre de la felicidad.
En 1921, "Nosotros" no pasó la censura. Ese mismo año, Zamiatin publicó un ensayo que marcó el fin de su carrera en Rusia: "Tengo miedo" y donde afirmaba:  “La auténtica literatura sólo puede existir allí donde la hacen no ejecutivos y leales funcionarios, sino imprudentes, ermitaños, heréticos, visionarios, sediciosos, escépticos.” El escritor fue abiertamente feroz con los Futuristas, con Mayakovski y compañía, a quienes llamaba la "escuela de la corte".
 La prensa le demonizó cuanto pudo, la censura prohibió sus escritos bajo amenaza de cerrar cualquier medio que lo publicase. Sus libros fueron retirados de las estanterías de las bibliotecas.  En 1922, Zamiatin regresó a la cárcel durante una de las purgas de intelectuales ordenadas por Lenin, quien parece que expresamente incluyó su nombre. Pero, las cosas para el escritor empeoraron cuando Nosotros , sin su consentimiento, apareció publicada en Nueva York, y poco después en Checoslovaquia y Francia. A raíz de aquella "traición", Zamiatin vivió en un ostracismo silencioso. Ni la muerte cambió su condición de hereje.
En 1931, se dirige por carta a Stalin pidiéndole permiso para abandonar Rusia:  "Para mí, como para cualquier otro escritor, la privación de la posibilidad de escribir constituye un castigo moral… Sé que tengo la mala costumbre de decir en un momento determinado, no lo que podría ser provechoso, sino lo que creo que es verdad."  

Stalin accede, gracias a la intercesión de M. Gorki. El escritor se instala definitivamente en París trabajando como guionista cinematográfico. Colabora con Jean Renoir en la adaptación de la pieza teatral de Gorki, "Bajos fondos". Continuará escribiendo su novela "Atila" hasta que en 1937, la muerte le sorprende a los 56 años. La noticia de su fallecimiento no fue difundida en la URSS.