sábado, 25 de junio de 2016
sábado, 18 de junio de 2016
EL LORO DIÓGENES DICE...
El loro Diógenes dice:
- Es cierto: en la televisión se ha perdido el sentido del humor, y sin embargo, se ha desarrollado un magnífico sentido del impudor.
Los chavales, mujeres y hombres del mañana, ya no tendrán que estudiar ni Filosofía, ni Literatura, ni cualquier otra asignatura de Humanidades. Nos basta con que aprendan a votar correctamente cada cuatro años.
- Ni izquierda, derecha, ni centro. España es como Rebelión en la granja. Gane quien gane, los cerdos detentarán el poder.
- Hemos vuelto a la Edad Media. Los ciudadanos inferiores no tienen dinero para comprar bienes. Los grandes señores siguen amasando fortunas y heredando los puestos de responsabilidad, mientras la Iglesia continúa en su papel de apuntador de teatro.
- Los genocidas nazis si no han muerto y llegan a ser juzgados, cumplen penas de trámite.
- Trump es una trampa muy convincente.
- El brillante Nicolas Sarkozy ha tenido palabras de liberté, egalité et fraternité: Europa debe financiar campos de "concentración" en el Norte de África.
- Unos padres abandonan a un niño en un bosque para que aprenda a ser bueno. ¡Qué bondad hay en esos padres...!
- El mundial de fútbol se está jugando en las calles convertidas en campos de odio.
- ¿Quién dijo que la novela había muerto? Los que han muerto son los novelistas.
- Se buscan astronautas para ir a Marte. El ambiente en la Tierra es irrespirable.
miércoles, 15 de junio de 2016
RICHARD FORD. PRINCESA DE ASTURIAS DE LAS LETRAS 2016
Richard Ford, Premio Princesa de Asturias de Las Letras 2016, está considerado por la crítica internacional como uno de los mejores y más representativos escritores vivos de Estados Unidos. El mejor escritor en activo en este país, lo definió en una ocasión su mejor amigo, el malogrado escritor, Raymond Carver. Desde su primera novela, Un trozo de mi corazón (Anagrama, 1992), el estilo de este escritor se ha inscrito dentro de una de las corrientes narrativas tradicionalmente americanas, la misma que siguieron Mark Twain, Fitzgerald o Hemingway.
Ford (Jackson, 1944) que como el creador de Huckleberry, nació y creció bajo la mirada sureña del Mississipi, siente al igual que aquel, cierta afinidad y comprensión hacia los hombres y mujeres invisibles que escriben la historia de América. La obra de Ford carece de la ironía de Twain pero comparte el mismo escepticismo con el que se juzga los convencionalismos que van en contra de la libertad individual. La idea de pertenencia a cualquiera de los grupos socialmente definidos por las relaciones familiares, la raza, la religión, la profesión, las aficiones deportivas o el color de las ideas políticas será positiva en la medida que nos crean la ilusión de ser queridos y valorados por el resto de la comunidad. Al mismo tiempo sucede que sus miembros esperan del individuo respuestas “grupalmente” aceptadas pero en algunas ocasiones, y por muy diversos motivos, los individuos no estamos dispuestos a dar. Esta autoafirmación de la identidad individual por encima de todo produce un profundo desasosiego, un estado de incertidumbre y desamparo, del que solo podrá salvarnos un relativo escepticismo.Ya no tengo muchas cosas en común con ellos, y tanto ellos como los demás me invitan a muy pocas fiestas. En la ciudad, la gente sigue siendo simpática pero distante, y yo les considero buena gente, conservadores y honrados.
He comprendido que no es fácil tener a un divorciado por vecino. En él anida el caos... la naturaleza oscura del sexo que cuestiona el contrato matrimonial. La mayoría de la gente cree que tiene que tomar partido, y siempre es más fácil elegir a la mujer.” (El periodista deportivo)
Este estado de ánimo que se desprende de la literatura Ford la encontramos en escritores europeos como Chéjov o Camus, con los que el autor comparte ese amor a la libertad individual, cargada de contradicciones. Sus personajes soportan una gruesa columna de melancolía cuando sacan cuentas de la vida que cada uno de ellos proyectó en un momento determinado, y la que realidad en la que se encuentran inmersos. Es lo que Camus afirma por boca de Jacques Cormery, en su novela póstuma El último hombre: - Yo la he amado (la vida), la amo con avidez. Y al mismo tiempo me parece horrible, y también inaccesible. Por eso creo, por escepticismo. Sí, quiero creer, quiero vivir, siempre.
Este mismo sentimiento se desprende de la literatura de Ford cómplice de personajes fracasados que se desenvuelven como pueden en una América anónima y anodina, convencidos de que aunque la vida entera es incertidumbre y azar, el viaje merece la pena continuarlo hasta el final, quizás se presente una oportunidad de cambio.
Bascombe, el protagonista de El periodista deportivo, se sincera consigo mismo en un momento en el que quiere iniciar una conversación seria con su hijo:
Aunque en lo que se refiere específicamente a él, deseo de todo corazón poder hablarle desde un lugar más establecido - del modo en que le hablaría Charley si fuera su padre de verdad-, en lugar de hacerlo desde esta constelación de estrellas entre las que orbito y me deslizo con suavidad. De hecho, si pudiera verme ocupar un punto fijo en lugar de estar en un proceso (la esencia del Periodo de Existencia), las cosas podrían ir mejor para nosotros dos; yo y mi hijo el ladrador.
Ford prefiere el universo masculino. Como Hemingway, los hombres, viriles y desarraigados, evalúan constantemente la cantidad de energía invertida en sus diferentes actividades y los resultados obtenidos tanto en sus parcelas profesionales como en sus decisiones relacionadas con el amor. Con frecuencia se encuentran en el dilema de tropezar con una mujer más atractiva que con la que comparten sus vidas. La seducción se les antoja entonces como una tentación irresistible y sólo cuando consiguen el trofeo tan deseado, optan por ser muy resbaladizos si tienen que comprometerse porque su experiencia pasada ya les resultó demasiado amarga. Esto le sucede a Frank Bascombe en El periodista deportivo (Círculo de Lectores, 1992), y cinco años más tarde en El día de la Independencia (1997). El escritor repite este dilema en algunos relatos incluidos en De mujeres con hombres (Anagrama, 1999).
El héroe de El periodista deportivo anhela construir una vida mejor y para ello rompe radicalmente con el pasado. En El día de la independencia, Bascombe convertido ahora en un ex-escritor, un ex-periodista, un ex-marido, y en un ex-amante, asume de forma voluntaria la soledad, premisa indiscutible para lograr la verdadera independencia. Busca la redención en una nueva profesión, mientras se esfuerza por recuperar el amor del único hijo que le queda antes de que sea demasiado tarde. Se vislumbra por tanto la capacidad del hombre por acercarse a una felicidad que a veces depende de uno mismo.
La elección de la primera persona es la voz más frecuente en Ford. Amigo del tono brusco, el lenguaje rápido y descriptivo, consigue dar una naturalidad espontanea a las situaciones que narra; recursos que también frecuentaba su amigo Raymond Carver. Para ambos escritores la realidad no se pinta ni más dulce ni más cruda. El valor de su estilo es que hacen que la realidad misma fluya, se pone en evidencia de la mano de unos personajes invisibles que se enfrentan a problemas corrientes. La atmósfera del desencanto cae por su propio peso. Llamémosle entonces “literatura de lo cotidiano” y abandonemos para siempre la calificación de “realismo sucio”, ya que no hay de obsceno en mostrar una realidad que pertenece a millones de personas.
LAS EDITORAS NORTEAMERICANAS DE "ULISES" DECLARADAS CULPABLES
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| The Little Review. Vol. 4, Nº 10. Febrero, 1918. |
Margaret Anderson, editora de la revista The Little Review sobre Ulises:
"Es lo más bello que podamos tener. Lo publicaremos aunque sea el último esfuerzo que hagamos en nuestra vida."
John S. Sumner, secretario de la Sociedad para la Prevención del Vicio de Nueva York, leyó el capítulo Nausicaa, publicado en julio-agosto de 1920. Las editoras de la Little Review, Margaret Anderson y Jean Heap acabaron en los tribunales el 14 de febrero de 1921.
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| Little Review, Vol 7.No 2. Julio-Agosto, 1920. |
"Pero si es la editora ...", dijo John Quinn, el abogado defensor.
"Estoy seguro -replicó el juez- que Mrs Anderson no se daba cuenta del significado de lo que estaba publicando."
Anderson y Heap fueron declaradas culpables y condenadas a pagar 50 dólares cada una por haber publicado obscenidades.
martes, 14 de junio de 2016
ORWELL SOBRE ULISES / G. ORWELL ABOUT ULYSSES
"Se atrevió - pues es asunto de atrevimiento tanto como de técnica- a poner al descubierto las imbecilidades de la mente interior... El efecto es disolver, al menos momentáneamente, la soledad en que vive el ser humano."
George Orwell (Inside the Whale, 1940)
"He dared — for it is a matter of daring just as much as of technique — to expose the imbecilities of the inner mind... The effect is to break down, at any rate momentarily, the solitude in which the human being lives."
martes, 17 de mayo de 2016
CULOS
"(...) Es el plebeyo, el demócrata de base y el cosmopolita entre las partes del cuerpo, en una palabra, el órgano quínico elemental. Él suministra la sólida base materialista. En los retretes de todos los países de caballeros está en su casa. La internacional de los culos es la única organización que abarca el mundo, organización que renuncia a estatutos, ideologías y aportaciones de sus miembros.
Eulenspiegel caga en una casa de baños pensando que era una
casa de limpieza. Xilografía del Libro Popular, 1515.
No tiene que apelar a su solidaridad. Jugando, el culo vence todas las fronteras, a diferencia de la cabeza, para la que las fronteras y las posesiones significan mucho. Sin objeciones se acurruca en esta o aquella silla. A un culo no corrompido no le impone especialmente la diferencia entre un trono y un retrete de cuclillas, un banco o una santa sede. Incluso puede ser el suelo, si no quiere estar más de pie, una vez cansado. Esta inclinación a lo elemental y a lo fundamental predispone al culo particularmente a la filosofía. (...)
(Peter Sloterdijk. Crítica de la razón cínica. P.237. Ed. Siruela; Biblioteca de Ensayo, 2007)
jueves, 5 de mayo de 2016
TAXISTA DE NOCHE, ESCRITOR DE DÍA
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| Gaito Gazdánov |
"Comenzaba
a pensar que aquella pacífica ausencia de pensamiento, podría explicarse,
obviamente, a causa de varias generaciones cuyas vidas enteras equivalían a un
deseo casi consciente de deliberado empobrecimiento intelectual, encaminado
hacia el "sentido común", así como el rechazo de la duda o el miedo
por las ideas novedosas; y este miedo era tan poderoso en un tendero de mediana
edad como en un joven profesor universitario."
Caminos Nocturnos
En 1919 estalló la Guerra Civil y Gaito
Gazdánov, con 16 años, se unió al
Ejército Blanco del general Wrangler, finalmente derrotado por los bolcheviques.
Junto a más de 150.000 refugiados, huyó de Rusia en 1920 atravesando el Mar
Caspio hasta Constantinopla (hoy Estambul) donde fue realojado en el campo de
desplazados de Gallipoli.
Georgi
Ivánovich Gazdánov nació en 1903 en San Petersburgo en el seno de una familia de
clase media originaria de Osetia. Su padre era inspector forestal, profesión
que le llevó a trasladarse continuamente junto a su familia por distintos
lugares del imperio ruso. Fue un niño precoz, devorador de literatura seria e
interesado por la filosofía. En Constantinopla y poco después en Bulgaria,
continuaría con sus estudios.
En 1923 llegó a París sobreviviendo con trabajos tan diversos como descargando barcazas en Saint-Denis, limpiando locomotoras, como operario en los talleres Citroën y durante tres meses, en
las oficinas de la editorial Hachette. Vivió un tiempo en la calle hasta que
encontró un empleo como taxista nocturno, profesión que ejerció desde 1928
hasta 1953, cuando entró a trabajar en Radio Liberty, una emisora anticomunista
financiada por la CÍA.
Su profesión de taxista le permitió
asistir a la Sorbona, comenzar a escribir y convertirse en uno de los
escritores jóvenes más interesantes de la emigración rusa. Por desgracia, en
España no se le ha prestado todavía la atención que merece. Para ser justos, no
debemos quejarnos, el lector puede adentrarse en su literatura a través de tres
de sus obras más importantes: Una noche
con Claire (Ed. Nevsky Prospects, 2011), Caminos Nocturnos (Sajalín, 2010) y El espectro de Aleksandr Wolf (Acantilado,2015). Esperemos que el
tiempo nos traiga más libros.
Gaito Gazdánov (utilizó siempre su
nombre osetio) saltó a la arena literaria a finales de 1920, primero como autor
de relatos cortos en un periódico ruso de Praga, Volya Rusii. Su primera novela, Una
noche con Claire (1929), publicada por una editorial rusa en París, fue muy
bien recibida por la comunidad rusa en el exilio, brindándole además la
oportunidad de continuar publicando sus relatos en "Letras Contemporáneas",
una de las revistas más prestigiosas de la diáspora. La crítica le comparó con
Proust (autor, que según él mismo confesó, no había leído) y con su coetáneo Nabokov,
otra de las promesas de la nueva literatura rusa, aunque uno y otro poco o nada
tienen en común. Además, mientras el autor de Lolita dejó de escribir en ruso, Gazdánov nunca abandonó su lengua
materna.
Una
noche con Claire es
una obra autobiográfica intrincada en la tradicional corriente memorística rusa
iniciada en el s.XVII y continuada dos siglos después por Lermontov (Un héroe de nuestro tiempo), Tolstoy (Infancia, adolescencia y juventud),
Dostoievsky (Apuntes del subsuelo),
Gorky (Autobiografía), Nabokov (Habla, memoria), Viktor Shklovsky (Literary Reminiscences) y otros muchos autores
que hicieron de sus memorias materia de ficción.
A través del protagonista de su
novela, Gazdanov hace un viaje retrospectivo a los años de su niñez y juventud:
las figuras del padre y de la madre; el dolor por la muerte de sus seres
queridos; el descubrimiento de la naturaleza y del amor. Una vida que se verá interrumpida
por el trauma de una guerra en la que se alistó como voluntario cuando todavía
era un adolescente, cuando su padre muerto no podía darle consejos.
"Quería descubrir qué era la guerra, se trataba de ese consabido interés
por lo nuevo y desconocido. Ingresé en el Ejército Blanco porque me encontraba
en su territorio, porque era lo correcto." Después vendría el obligado
abandono de una patria a la que amaba para nunca regresar. París sería su
destino, la ciudad donde vive la única mujer a la que amó. "Las orillas
ardientes y el agua que me separaban de Rusia con el balbuceante y cada vez más
real sueño con Claire."
Antes de la II Guerra Mundial, el
escritor publicó dos títulos más: La
historia de un viaje (1938), y Caminos
Nocturnos (1939-1941). Novela esta muy interesante en la que el protagonista, taxista de
noche en la ciudad de París, hace un retrato, entre el desdén y la compasión, de
la fauna que se mueve en el París noctámbulo, un "gigantesco espectáculo
teatral" donde hasta el aire se encuentra "impregnado de una pobreza
arcaica e ineludible". Vagabundos, ladrones,
proxenetas, prostitutas, camareros, taxistas y exiliados que como el propio
Gazdánov, viven una vida esquizofrénica, muy distinta a la que abandonaron en
Rusia, para quienes el alcohol se ha convertido en el único asidero.
Durante la II Guerra Mundial, se unió a la resistencia francesa. Sus nuevas
obras adoptan el género de thriller psicológico: El Espectro de Aleksandr Wolf y El
Regreso de Buda, que cuando fueron traducidas al francés, la crítica halló
ciertas analogías con la literatura de Camus por su trasfondo reflexivo sobre
el destino personal, la responsabilidad de nuestras acciones, el amor o las
consecuencias del azar que en unos casos conduce a la redención y en otro, a la
destrucción.
En El Espectro de Aleksandr Wolf, un periodista ruso, exiliado en
París, lee por casualidad en un libro de relatos, un cuento que narra con una
inquietante precisión el acontecimiento más amargo que experimentó durante la
guerra: el momento en el que asesinó a un soldado enemigo. A partir de ese
momento, el protagonista emprende la búsqueda de A. Wolf, el supuesto autor del
libro.
Sus años como taxista concluyeron
cuando entró en Radio Liberty, en 1953, primero como escritor-editor en Paris;
después ocuparía distintos cargos que le llevarían durante una época a Múnich,
ciudad en la que falleció de un cáncer de pulmón en 1971.
El Montaparnasse ruso
A partir de 1925, París se convirtió
en uno de los centros neurálgicos de los diáspora rusa huida de la Revolución
bolchevique. La Rusia Parisina era en número ―unos 45.000―, una comunidad mayor incluso que la
de los americanos expatriados. Pero muy al contrario que éstos, la mayoría de
los rusos llegaron a la "Gay Paree" como refugiados, buscando un
empleo con el que sobrevivir, y no al encuentro de la inspiración artística, ni
de las fiestas y juergas alcohólicas, los cafés, cabarets, la vanguardia, el "Jazz
Age" de Gertrude Stein, Hemingway, Fitzgerald, Henry Miller o Anaïs Nin.
La "Generación perdida" americana no estaba tan huérfana en
comparación con los artistas rusos exiliados. Estos carecían de apoyos por
parte del gobierno bolchevique, fueron silenciados y considerados traidores
hasta la época Gorbachev, cuando por fin fueron restaurados.
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| Ernest Hemingway con amigos en París. 1925 |
En el periodo de entreguerras, la
diáspora intelectual rusa se vio obligada a crear su propio microcosmos
cultural. Algunos ya habían alcanzado cierta notoriedad en la Rusia prerrevolucionaria
como Zinaida Gippius, Alexei Rezimov o Ivan Bunin (Premio Nobel 1933). A la
sombra de estas personalidades surgió un grupo de escritores, conocidos como el
"Montparnasse ruso" o "The Unnoticed Generation", como a ellos
les gustaba denominarse.. El centro de este grupo poco cohesionado estaba
integrado por Gaito Gazdanov, Boris Poplavsky, Yuri Felzen, Vasily Yanousky,
Vladimir Varshavsky, Ekaterina Bakunina, Sergei Sharsun, Anatoly Schteiger y
Nikolai Otsup.
La mayoría habían abandonado Rusia siendo muy jóvenes, maduraron en Paris, entraron en la escena literaria a finales de
las década de 1920 y mantuvieron una cierta identidad hasta la Ocupación, en
1940. A todos les unía el trauma de la guerra, el exilio y la falta de integración
en una ciudad que les resultó siempre extraña, representativa de la
desintegración de las esperanzas y los valores europeos durante el periodo de
entreguerras y de la alienación del hombre en las grandes metrópolis.
Los jóvenes asumieron el papel de
herederos de la tradición rusa. La frase de Bunin "Nosotros no estamos en
el exilio, estamos en una misión", articuló el sentir común. La mayoría de
los autores continuaron escribiendo en ruso. Los rusos de Montparnasse
navegaron entre la literatura de los maestros rusos y los discursos del Modernismo
occidental.












