jueves, 1 de diciembre de 2016
martes, 22 de noviembre de 2016
"PURO CUENTO" Ed. BAILE DEL SOL
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| Yolanda Delgado Batista. |
El relato es
una sacudida eléctrica, un calambre que paraliza al lector durante un instante
muy breve. Los personajes y el escenario vienen dados. Pertenecen a historias
que de alguna manera viví, otras me las contaron o están sacadas de noticias
publicadas en los periódicos; y algunas, por qué no confesarlo, las escuché sin
permiso. Acontecimientos y voces, que por alguna razón inexplicable, se
instalaron en mi imaginación, invadieron mi tranquilidad y no cesaron de saltar
hasta que replegándome a sus caprichos, las traje a la superficie. Pero una vez
que sus personajes quedaron satisfechos, dijeron sin mirar atrás: "Adiós y
buena suerte".
| Cubierta. Ed. Baile del Sol. |
Los relatos
contenidos en este libro suceden en varios lugares. Unos bien definidos, otros
no pertenecen a ninguna geografía; algunos son muy breves, pero incluso estos,
aparentemente más humorísticos e inverosímiles piden una segunda lectura como
enseguida se percatará el lector. Entre bromas y veras, he pretendido acercarme
a la contradictoria belleza de amor y desamor que encierran las relaciones
humanas en todas sus variantes.
Más ambicioso por mi parte ha sido pretender
acercarme al espíritu volátil que late bajo cualquier forma de narrar, ese
pálpito que empuja a los hombres a contarse a sí mismos de qué va el juego de
vivir. "Seguiremos debiéndonos afligir con esa palabra
"literatura", lo que es y lo que pensamos que sea (...) Pero
alegrémonos de que acabe por escapársenos, por nosotros, porque siga viva y
nuestra vida se una con la suya en horas en las que intercambiamos el aliento
con ella", dijo Ingeborg Bachmann. Hasta ahora no he encontrado una
explicación mejor que resuma con tanta intensidad lo que todo escritor anhela
cuando esculpe con palabras universos inventados. Serás tú, lector, el único
que valore si he conseguido mis propósitos.
domingo, 13 de noviembre de 2016
martes, 8 de noviembre de 2016
LA PERSPICACIA DE HUMPTY DUMPTY
―Cuando yo uso una palabra ―insistió Humpty Dumty con un tono de voz más bien desdeñoso― quiere decir lo que yo quiero que diga, ni más ni menos.
―La cuestión es –dijo Alicia– si puedes hacer a las palabras significar cosas diferentes.
—La cuestión es –repuso Humpty Dumpty– quién va a ser el amo. Eso es todo.
Alicia a través del espejo. Lewis Carroll.
sábado, 5 de noviembre de 2016
CUANDO HITLER ROBÓ LAS PALABRAS
Todos los totalitarismos roban las palabras. Las prohíben, las
destrozan, las violan con la prepotencia que otorga la maldad. Todos los
totalitarismos inventan un lenguaje propio, uniforman el pensamiento, infectan de odio el habla de los ciudadanos. Como Lenin, Stalin o Mussolini, también
Hitler nacionalizó la "no libertad de expresión".
A cada alemán le
colocó una mordaza, le despojó de su esencia como individuo y se le obligó a levantar
el brazo en honor al "Redentor de Alemania". Se escribieron eslóganes
y se escogieron los símbolos de esta nueva religión: "banderas de sangre",
la cruz virada con las puntas rotas en el brazo de los auténticos alemanes; la
estrella amarilla en el pecho de los judíos.
Los altavoces
gritaban en todas las calles, en todas las esquinas se oía la voz del Führer y de
Goebbels, su ministro de propaganda. Discursos sentimentaloides que hablaban de
la salvación de la patria, de la heroicidad de quienes luchaban por Alemania y
daban su vida por Hitler. Los discursos estaban repletos de palabras
peligrosas: nacionalsocialismo, sistema, Estado, surgimiento, raza aria, judíos…
Jóvenes y ancianos asimilaron de forma natural "todo el rosario nazi".
La tendencia era ensordecer al individuo con el colectivismo. «Pueblo» se emplea tantas veces al hablar y
escribir como la sal en la comida; a todo se le agrega una pizca de
pueblo, escribió Victor Klemperer ( Landsberg 1881-Dresde 1060) en su
obra "LTI. La lengua del Tercer Reich. Apuntes de un filólogo" (Ed. Minúscula.
Traducción de Adan Kovacsics).
Para entonces
(agosto de 1933), al catedrático de francés lo habían expulsado de la
Universidad de Dresde por judío, consecuencia de la depuración del
funcionariado. Se le prohibió la entrada a las bibliotecas y la posesión de
libros escritos por autores no judíos.
Victor Klemperer estaba casado con una mujer «aria», la pianista Eva Schlemmer. Entre
1933 y 1945, el matrimonio resistió con dolor y estoicismo la exclusión, los
insultos, la marcha y la desaparición de sus amigos, la enfermedad, la
persecución, la pobreza y la guerra. Ya no soy alemán y ario sino judío,
y tengo que agradecerles que me dejen con vida, confiesa en una página de
sus diarios.
El "judío Klemperer"
(esa era la forma de presentarse ante la Gestapo) continuó escribiendo al
tiempo que trabajaba de peón en una fábrica de plantas medicinales, y lo hizo
mientras huía para salvar la vida. Sus
obras y sus artículos eran rechazados una y otra vez en el país que no quiso
abandonar. La escritura se convirtió en su salvavidas, a pesar del peligro al
que se exponía él, su esposa y la cirujana Annemarie Köhler, quien custodió los textos del escritor y los puso a salvo de la
Gestapo y de la guerra. Escribir le ayudó a situarse por encima de las
circunstancias y observar la realidad con sus herramientas de filólogo.
En la Lingua
Tertii Imperii (LTI) analiza con claridad meridiana cómo las mentiras y la demagogia
de la biblia hitleriana del Tercer Reich, Mi
lucha, y sus apóstoles contaminaron los carteles en los comercios, las
conversaciones cotidianas de la gente, inclusive entre los que eran judíos. Influyó
a la hora de elegir el nombre de los recién nacidos o en el lenguaje grandilocuente
de las necrológicas. La sombra del fanatismo (palabra en aquella época sinónimo
de «apasionamiento») fue alargada. Encontró eco en la
literatura, en los textos apolíticos y por supuesto, en los medios de
comunicación que con tanta eficacia difundieron el mensaje de odio contra la
raza judía, "moral e intelectualmente inferior". La LTI "se apoderó de todos los ámbitos, públicos y privados". Creo que en el futuro,
cuando se pronuncie la palabra «campo de concentración», se pensará en la
Alemania de Hitler, única y exclusivamente en la Alemania de Hitler…
Sus textos lograron ver la luz, continúan
traduciéndose en todo el mundo. A pesar de lo que pensaba el autor, tanto
esfuerzo, tanto dolor personal, sí mereció la pena. Gracias al testimonio de Victor
Klemperer y a muchos como él, las mujeres y los hombres de hoy sabemos que héroes son quienes "realizan actos positivos para la humanidad", y
nadie tiene derecho a robarnos las palabras. Jamás.
viernes, 28 de octubre de 2016
NOVIEMBRE ES "PURO CUENTO"
| Cubierta. Ed. Baile del Sol, 2016 |
"En general, todos se alternan y se suceden con armonía contradiciéndose o completándose, agitándose o confrontándose sutilmente en orden a conseguir una atmósfera común que transporta al lector poco a poco a otra realidad que nada tiene que ver con las de los cuentos por más que crea que sigue prendido de ellas."(Julio Llamazares en el prólogo de "Puro Cuento")
domingo, 9 de octubre de 2016
LOS "BOOMERS"
Pertenezco a la generación de los boomers.
En la década de los sesenta y setenta, procrear fue un puro frenesí como el Cha cha chá.
La gente tenía facilidades;
hasta el alma se podía pagar a plazos.
Bautizaron aquel fenómeno con un nombre explosivo: Baby Boom. La pólvora que se las prometía estallar en fuegos multicolores, acabó en un petardeo
mediocre.
Los boomers debajo del brazo trajimos problemas. ¿Nacimos en mal
momento o es que el tiempo venía con tara? Colapsamos los colegios y las monjas nos llevaron a la capilla a rezar por la salud del dictador. Después de un par de rosarios, Francisco estiró la pata.
Por edad, todavía no llegamos a disfrutar del todo la alegría generalizada. Escuchábamos canciones y frases que hablaban de libertad, sin duda. Como las matronas,
aquellos eslóganes asistieron el parto de la Democracia.
Poco a poco, a los boomers nos empezó a crecer el vello y
los pechos.
Una tarde, un mostachudo con pistola se
coló por la televisión de nuestras casas. Había entrado en el Congreso disparando al cielo.
«¿Es grave?» Mis padres
salieron a la carrera al supermercado y regresaron con latas de leche
condensada, legumbres, aceite y rollos de papel higiénico para varios años. No tuve
necesidad de preguntar dos veces. Fue la primera vez que en mi casa entró una
pata de jamón.
El cielo no se derrumbó. El
terror huyó saltando por la ventana. Poco después, "Puedo prometer y
prometo" le dijo a los españoles que tiraba la toalla. Aunque ahora son pocos
los que parecen acordarse, en aquel momento al Presidente le pusieron a caldo.
En su lugar, entró otro con cabeza de huevo y gafas de pasta gorda. Sobre este
si es verdad que cayó el olvido.
Para cuando los socialistas llegaron al poder, los boomers ya estábamos en la universidad. No había becas para todos. Allí conocimos los números clausus y la decepción. Nos vimos obligados a escuchar
las clases sentados en el suelo del aula y de los pasillos. El primer año fue una pérdida de tiempo. Durante seis meses protestamos a favor de las reivindicaciones de los profesores no numerarios
(PNN). En aquella ocasión, la sentada en el suelo fue porque quisimos. La performance sirvió para dejarnos el culo frío. Algo parecido había ocurrido ya. La mayoría votó no a la OTAN
y aconteció lo contrario de lo expresado. En esto, en lo de protestar y
conseguir cambios, los franceses y los británicos continúan llevándonos mucha ventaja.
En la biblioteca leí Rayuela, Cien años de Soledad y Pedro
Páramo. Los profesores parloteaban de MacLuhan, de Vladímir Propp y
de la Gestalt como si nos descubriesen un continente nuevo. Íbamos a convertirnos
en pioneros de la comunicación y la mayoría acabamos hechos unos piononos. El viento fue
borrando la ingenuidad de cada una de nuestras facciones.
A pesar de todo, creí que Monseñor Cardenal pondría en su
sitio a la curia romana. Lo mataron antes.
Llegamos demasiado pronto o demasiado tarde a
casi todas las ayudas, pero aprendimos a aceptarnos con nuestras idas y
venidas. Quisimos cambiar el mundo y el mundo pasó de largo. En muchos
sentidos somos otra generación perdida. Creo que el término "invisible"
nos define mejor.
Ahora, cuando ya tenemos una
edad en la que hacemos nuestras apuestas con el tiempo, cuando empezamos a
decir adiós a nuestros padres, cuando nuestro rostro, poco a poco nuestros
labios se van desdibujando hacia abajo, los economistas amenazan con que nos
jubilaremos sin un chavo. Queda comprobado que las cuentas no salen con los boomers. Por alguna razón inexplicable,
los números nos guardan rencor.






